La caliente y nublada atmósfera
de un silencioso sol 2021

En su proyecto más reciente, Esteban Peña continúa dos de las investigaciones que ha venido desarrollando en su trayectoria: el estudio sobre el color y la importancia de reflexionarsobre imágenes del pasado. De modo similar al ejercicio pictórico que presentó en muestras como Croma (2010) y Creer para ver (2016) en La caliente y nublada atmósfera de un silencioso sol, a partir de la yuxtaposición de capas de los colores básicos de las impresoras modernas, CMYK (cian, magenta, amarillo y negro); Peña crea composiciones cromáticas de fotografías de cometas, soles y nebulosas. Lo cual, nos vincula a su segundo interés: pensar en el pasado desde su fascinación por los cuerpos celestes.

El podcast StarTalk del astrofísico y científico estadounidense Neil deGrasse, que Peña escucha al pintar, explica que la frase popular “mirar al cielo es mirar al pasado” remite a nuestra circunstancia espaciotemporal, pues cuando contemplamos una estrella observamos una luz que tarda millones de años para ser vista desde la tierra. Entonces, lo que en realidad notamos es la manera en que brillaba ese cuerpo astronómico en el universo hace miles de millones de años y no lo que es, si es que sigue existiendo, en relación a nuestro tiempo.

Nuestras condiciones humanas han dado paso a la invención de distintas herramientas tecnológicas con el objetivo de estudiar los astros. Los observatorios de rayos X, telescopios, espectros y cámaras, captan la radiación electromagnética en imágenes de determinadas gamas de color como: blanco y negro; blanco y azul; rosa y púrpura; entre otros. Por esto, para construir una apariencia perceptible al ojo humano, los científicos dan los tonos a las imágenes según los elementos, la masa y la temperatura de las partículas que componen los fenómenos astronómicos.

En este sentido, hay un paralelo en la manera en que se construyen esas ondas de luz invisibles en las imágenes cósmicas como documentos y el modo en que Peña lasre-presenta. Es decir, hay un doble ejercicio de transcripción, primero, gracias a las ciencias aplicadas los astrónomos logran darle forma a los fenómenos espaciales creando imágenes de estudio. Segundo, el artista toma estas fotografías y las deconstruye en cuatro pigmentos, (cian, magenta, amarillo y negro), que luego aplica en capas y capas de acrílico, imitando manualmente el proceso de funcionamiento de una impresora. Esta práctica pictórica da como resultado piezas cargadas de distintos colores que generan una especial profundidad.

Peña llama la atención sobre lo invisible, invitando al espectador a ver en sus obras más allá de los cuerpos celestes que generalmente observamos en medios digitales. Así, evoca una reflexión sobre la visualización, mediación e incidencia de la re-producción, en cómo entendemos hoy las imágenes. Además, la recreación de estas fotografías plantea una problemática epistemológica presente en la historia de la filosofía occidental: ¿Cómo percibimos la realidad desde una subjetividad que determina la misma? Lo que nos lleva a pensar en la incidencia de la tecnología dentro de nuestra percepción y cuestiona su necesidad para la comprensión de todo lo que nos rodea.

Luciana Rizo